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Si en los últimos días has escuchado cada vez más sobre Claude, no es casualidad. En medio del boom de la inteligencia artificial, este modelo desarrollado por Anthropic se está posicionando como uno de los nombres más comentados del momento. Y no, no es solo hype: hay razones bien concretas detrás de su crecimiento.
La guerra entre dos de los nombres más poderosos del mundo tech ya llegó a tribunales. Elon Musk y Sam Altman comenzaron un juicio que podría redefinir el futuro de OpenAI, y de paso, abrir una discusión enorme sobre si la inteligencia artificial debe desarrollarse como un negocio multimillonario o como una misión para beneficiar a toda la humanidad.
La inteligencia artificial sigue avanzando a pasos agigantados, pero no siempre las noticias son positivas. Esta vez, el foco está en Claude Mythos Preview, el modelo más avanzado y restringido de Anthropic, diseñado específicamente para detectar vulnerabilidades críticas en sistemas operativos, navegadores y software empresarial.
El próximo 23 de abril de 2026 se celebrará el Día Internacional de las Niñas en las Tecnologías de la Información y la Comunicación, una fecha impulsada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones para incentivar que más niñas y jóvenes se interesen por carreras tecnológicas.
La carrera por la inteligencia artificial acaba de entrar en una fase más inquietante. Mientras las empresas tecnológicas compiten por lanzar modelos cada vez más poderosos, en Washington el foco ya no está sólo en la innovación, sino en algo más urgente: evitar que estas herramientas se conviertan en armas digitales capaces de afectar infraestructura crítica. Y el movimiento se está produciendo ahora mismo.
La inteligencia artificial está impulsando la transformación digital, pero también está creando una nueva vulnerabilidad que preocupa a ejecutivos de todo el mundo. Un reciente informe sobre resiliencia de datos advierte que muchas organizaciones están operando con una confianza peligrosa en sus sistemas, mientras los riesgos asociados a la IA y los ciberataques crecen a un ritmo más rápido que su capacidad de respuesta.
Durante los últimos años, la inteligencia artificial ha sido presentada como una revolución capaz de reemplazar empleos, alterar industrias completas y transformar la creatividad humana. Sin embargo, el supuesto “apocalipsis” tecnológico sigue sin materializarse. A medida que las herramientas avanzan, también lo hacen las dudas sobre si realmente estamos ante una sustitución masiva o simplemente ante una nueva etapa de apoyo tecnológico.
Lo que comenzó como una solución para llevar internet a zonas remotas hoy está alcanzando una escala que pocos imaginaron. En silencio, pero a una velocidad impresionante, una red invisible sobre nuestras cabezas está creciendo hasta niveles que ya están cambiando la forma en que el mundo se conecta.
El mundo de la inteligencia artificial vuelve a moverse rápido… demasiado rápido. Cuando parecía que las herramientas de generación de video estaban recién despegando, una noticia inesperada encendió las alertas: OpenAI habría decidido poner fin a una de sus plataformas más prometedoras, dejando a usuarios y creadores con más preguntas que respuestas.
Lo que prometía ser el futuro del trabajo automatizado terminó convirtiéndose en una pesadilla tecnológica. Un error inesperado en un sistema de inteligencia artificial dentro de Meta dejó al descubierto una verdad incómoda: incluso las herramientas más avanzadas pueden fallar… y cuando lo hacen, el impacto puede ser masivo.
La inteligencia artificial ya forma parte de la vida diaria de millones de personas, ayudando a escribir textos, buscar información o planificar viajes. Pero el siguiente paso podría ser aún más sorprendente: permitir que la IA haga compras en internet por nosotros. La idea suena futurista, pero varias empresas tecnológicas ya están trabajando para convertirla en realidad.
La inteligencia artificial sigue cambiando internet a una velocidad brutal, pero esta vez la noticia no tiene que ver con un nuevo chatbot o una herramienta creativa. Una pequeña red social experimental, que se volvió viral porque sus publicaciones eran completamente falsas, terminó llamando la atención de uno de los gigantes tecnológicos más grandes del mundo.