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Los jugadores están organizándose y presionando a estudios de desarrollo para que frenen o reconsideren el uso de inteligencia artificial generativa en los videojuegos, acusándola de “baratear” la creatividad y empeorar la calidad del contenido del juego.
Algunas compañías han cancelado o modificado proyectos tras las protestas, demostrando que el descontento ya tiene impacto real entre desarrolladores y publisher.
Contrario a las protestas, ejecutivos del mundo tech —como el director global de Google Cloud Gaming— comparan la IA con un “traje de Iron Man” que potencia a los desarrolladores, reduciendo tareas repetitivas y permitiendo experiencias más personales e inmersivas en juegos vivos que evolucionan después del lanzamiento.
Mientras la industria mira al futuro, uno de sus titanes —Ubisoft— enfrenta una grave crisis financiera. La compañía ha cancelado proyectos masivos tras años de gestión deficiente y fracasos comerciales, bajando su valoración dramáticamente y forzando una reestructuración profunda. Este shock puede sentar precedentes para cómo se gestionan los grandes estudios en los próximos años.
Además del gaming, eventos como el CES 2026 en Las Vegas han impulsado a la tecnología de inteligencia artificial y hardware especializado al centro de la conversación global: CPUs de nueva generación, laptops orientados a IA y dispositivos inteligentes que redefinen ámbitos como salud digital y robótica son solo algunos ejemplos de las direcciones hacia donde caminan las innovaciones.
2026 no es un año más en tech ni en gaming: es un punto de inflexión. La industria está atrapada entre dos fuerzas opuestas —el entusiasmo tecnológico por la IA y la resistencia cultural de los jugadores—. Lo que hoy parece un choque, mañana podría ser la base de una nueva forma de crear y disfrutar juegos.